Nuestro cuerpo se comunica constantemente.

Una molestia recurrente, sensación de rigidez, cansancio visual, tensión cervical o necesidad permanente de cambiar de posición pueden ser señales que aparecen durante nuestras actividades cotidianas.

Muchas veces nos acostumbramos a esas sensaciones y continuamos con nuestra rutina sin prestarles demasiada atención.

Desarrollar una mayor conciencia corporal implica comenzar a registrar cómo nos sentimos, qué actividades generan incomodidad y qué cambios producen alivio.

A veces, pequeñas modificaciones en nuestros hábitos diarios pueden generar grandes diferencias: variar una posición, ajustar la altura de una pantalla, realizar pausas o incorporar más movimiento.

Escuchar al cuerpo es también una forma de prevención y de cuidado personal.