La visión no funciona de manera aislada. La forma en que observamos nuestro entorno puede influir en cómo posicionamos la cabeza, el cuello y el resto del cuerpo.
Cuando necesitamos acercarnos demasiado para leer, inclinamos la cabeza frente a una pantalla o mantenemos la mirada fija durante largos períodos, nuestro cuerpo realiza diferentes compensaciones para adaptarse.
Por este motivo, observar la relación entre visión y postura puede aportar información muy valiosa.
La distancia de lectura, la posición de la pantalla, la iluminación y los hábitos visuales forman parte del entorno que nuestro cuerpo utiliza para organizarse.
Comprender esta relación nos permite abordar el bienestar desde una mirada más integral, considerando que los distintos sistemas del cuerpo funcionan de manera coordinada.
