La tecnología ofrece enormes posibilidades para aprender, jugar y comunicarnos. Sin embargo, durante la infancia también es fundamental promover experiencias que involucren movimiento, exploración y diferentes estímulos visuales.
Jugar al aire libre, observar objetos lejanos, correr, dibujar, construir, lanzar una pelota o simplemente recorrer diferentes espacios son actividades que enriquecen el desarrollo corporal y visual.
El objetivo no tiene que ser eliminar las pantallas, sino encontrar un equilibrio entre el tiempo digital y otras experiencias.
Crear momentos cotidianos sin dispositivos puede convertirse en una oportunidad para estimular la curiosidad, el movimiento y la conexión con el entorno.
Acompañar estos hábitos desde edades tempranas permite construir una relación más consciente con la tecnología.
